Siempre al final del año abundan los recuentos. De alguna manera todos somos susceptibles a las miradas hacia atrás, las interminables listas de Rolling Stone, Rotten Tomatoes y nuestro propio recuento de Spotify que nos recuerda que escuchamos “Despacito” más de lo que nos gustaría admitir.

Pensaba en eso mientras bocetaba la última identidad que presentaremos este año, en el fiel block de puntitos similar al que recibí la primera vez que entré a esta oficina.

En un principio este post iba a ser una lista más; de proyectos, de aciertos y desaciertos, de alguna cosa de diseño, de las veces que cambiamos la Hache en nuestra fachada. Sin embargo pensé que si esta iba a ser una lista, mejor que lo sea de aquellas cosas que este 2017 nos dejó (y que me hicieron especialmente feliz)

1.  Los proyectos (y sueños) de nuestros clientes.

Cada vez que un cliente, ya sea una empresa consolidada o un emprendedor iniciando el proyecto de su vida, atraviesa la puerta, es el inicio de una relación en la cual nos embarcamos ambos. Creo, un poco o un mucho románticamente, que ayudamos a impulsar sueños y a cambio nosotros crecemos como profesionales y personas.

Fue así que este año aprendimos a aplicar maquillaje, nos enamoramos de muchas paletas de colores vibrantes, nos llenamos las manos de tinta negra y amarilla, desempolvamos el tangram que jugábamos cuando niños, coleccionamos imágenes de muros y paredes pintadas, nos sentimos libres.

Por su confianza, por dejarnos sus sueños en las manos y darles forma, muchas gracias.

2. Nuestro entrañable grupo de freaks.

En Hache aprendí el valor de trabajar con gente perfeccionista rayando en lo obsesiva (creativa, lista, etc, pero sí, muy obsesiva). Había momentos en los que, de verdad, me preguntaba si alguien realmente se daría cuenta (ademas de nosotros) de esos dos clicks de kerning, o si ese amarillo tenía más o menos rojo; alguien me dijo una vez que el diseño es sobre tomar decisiones constantes, pequeñas y grandes, que pueden ser afortunadas o no. Y así transcurren nuestros días, analizando con todo el detenimiento quirúrgico posible cada una de las variables que podíamos imaginar. Y es una sensación agradable, cuando trabajas con gente a la que realmente le importa la calidad de su trabajo.

3. Lo trivial (aparentemente)

Aquí hago una mención especial para nuestros diseñadores bebés, que entre otras cosas, nos ayudaron a hacer improvements con nuestras habilidades en redes sociales. Y las batallas de canciones. Y los cafés por la mañana, con galletas de señora. Y los viernes de Hache. Y los Ferlotes, los boomerangs, las fiestas planeadas con calendario, los juegos de mesa, el Einarfest, los cigarros mañaneros (y vespertinos…), todo el cariño. Todo el bullying…

4. Los amigos (y alguno que otro hater)

En un medio pequeño y de alguna manera poco abierto como el del diseño y la publicidad en Merida, disfrutamos descubrir y darnos cuenta de que cada vez hay más gente tratando de hacer cosas nuevas, con mucho talento.

Tuvimos la fortuna de conocer a muchas personas que nos impresionaron con la calidad de su trabajo y su actitud, de compartir proyectos con colegas muy queridos y de crear lazos con personas talentosas en diferentes ámbitos.

Leímos todos los comentarios, buenos, malos y trolleros, de nuestras redes y quisimos compartir un poco de lo que nos interesa y disfrutamos en nuestro blog. Así que esta parte es para agradecerte a ti por leernos, también a ti, por colaborar con nosotros, y a ti, por enviarnos tu book y considerarnos en tu proyecto de vida.

Bonus.

Esta es la parte donde me pongo sentimental. Okno, no sentimental, pero bueno, un poco introspectiva.

Mi historia con Hache es un poco como esa canción de “Quando, quando” (y es una GRAN anécdota… que no contaré hoy), hasta que finalmente logramos coincidir. Este año para mi fue uno lleno de aprendizajes, de éxitos, de “keep it simple”, de cambiarlo todo y de trabajo en equipo. Soy parte de Hache, pero también soy muy fan, desde que llegué a Merida a estudiar.

Aquí aprendí que es posible estar en un lugar donde el trabajo no sea tal. Donde se dejen de lado esos egos individuales y se privilegie el esfuerzo en conjunto, donde podamos todos crecer y creer. Que está bien buscar la perfección, que no vamos a alcanzarla nunca, pero que además de buscar ser la mejor agencia para nuestros clientes, es igual de importante serlo para nosotros mismos.

Así que, termino este post agradecida con Hache, por creer en mí.

Y, bueno, este 2018 haré todo lo posible para aplicar ese bonito mantra pegado al lado de mi computadora:

 

“Hoy diseñaré mejor que ayer”

 

Feliz Año Nuevo.

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