Marcas que siguen tendencias de diseño

Hace un par de semanas fui a una plaza comercial meridana y, como de costumbre, me puse a observar los locales a mi alrededor. En fin que dos de ellos llamaron particularmente mi atención. Lo que me pareció interesante, es que ambos comparten elementos gráficos muy similares con diferentes ejecuciones y que casi podrían intercambiar logotipos en sus fachadas y convivir perfectamente; pero más que todo eso, que tienen giros completamente diferentes con poco o nada en común.

Ahora bien, el punto de este post no es de ninguna manera insinuar que se trata de un plagio o que uno copió al otro. Estoy segura de que en cada caso trabajaron personas distintas, se llevaron briefs con objetivos específicos y que, posiblemente, no habían visto el trabajo del otro. Me queda muy claro, sí, que encontraron inspiración en el movimiento Memphis, una tendencia que ha vuelto, como muchas otras.

Para ponernos un poco en contexto, el Memphis* fue un movimiento arquitectónico y de diseño industrial de finales de los 80, creado por Ettore Sottsass en Milán. Él y otros diseñadores y arquitectos, empezaron a generar piezas de diseño y arte que se contraponían a la sencillez del Bauhaus y a la funcionalidad, que en esa época habían tomado tanta fuerza.

El estilo se caracteriza por el uso de colores vibrantes, formas geométricas y la arbitrariedad en su disposición, ya que no es necesario generar algo funcional, sino simplemente atractivo. Así fue que esta tendencia tuvo un tiempo de vida y, tal como sus creadores sabían, una caducidad.

Como buen movimiento tuvo cierta influencia en el mundo del arte y del diseño gráfico, llegando a ser una inspiración que, de unas fechas para acá, se ha puesto muy de moda (porque back in time) y la hemos visto en infinidad de cosas y de proyectos de identidad. Basta con dar una repasada a Behance o a nuestra página de stock favorita, donde podemos encontrar bonitos elementos pre-diseñados.

Me parece muy válido y muy común tomar como inspiración una tendencia, es parte del proceso de diseño que nos lleva a explorar diferentes posibilidades. Lo que no me parece muy congruente es que el peso gráfico de una identidad recaiga sobre elementos repetitivos y similares. Nosotros, como diseñadores podemos intelectualizar inagotablemente, pero a fin de cuentas, no hacen un diferencial y se perciben más como un elemento decorativo, que como algo razonado y estratégico.

Podríamos pensar “sí, pero ese es el punto, no todo tiene que ser tan literal, no tenemos que poner un martillo si hablamos de una ferretería”. Y coincido con ello; sin embargo, al momento de generar la identidad de una marca, no debemos olvidar que esta sigue una estrategia de negocio y que por lo tanto, no debería tener una caducidad o temporalidad tan marcada.

Cuando el Memphis pase de moda, entonces habrá que generar una identidad nueva que luzca acorde. Esto ocurre cada vez más, especialmente cuando no hay un sustento de peso detrás del proceso de branding y la consigna pareciera ser “verse bonito y moderno”.

Ahora bien, este tipo de identidades basadas en tendencias, con una personalidad temporal, están destinadas a giros de negocio que también tienen una fecha de caducidad o que requieren una renovación constante.

La vorágine de tendencias —como la de los llamados logos hipsters, con flechas, gotham, triángulos y casi cuernos de venado, o los logotipos desfasados que se cortan a la mitad—, es muy acorde para giros de moda. Por ejemplo, las diferentes “rías” que últimamente han estado invadiendo nuestro universo (hace poco supe de una Restaurantería, really?!), lo cual la hace perfectamente válida.

Podemos generar una identidad pensada con esa finalidad y está bien, siempre y cuando seamos honestos con nosotros mismos como profesionales y con nuestros clientes respecto a sus expectativas de negocio. Que detrás de cada decisión gráfica, exista una estrategia.

En mi experiencia, a nadie le encanta la idea de invertir en un rediseño cada par de años, y menos pensar que su negocio es un producto desechable. O peor, llegar a la fiesta y encontrarse a alguien con el mismo vestido.

*Fuente: The Lighting Mind.

3 Comments

  • Muy buen análisis Carmen, en lo particular creo que la creatividad se ha visto “opacada” por esta iniciativa de retomar tendencias estilísticas que en su momento fueron exitosas porque el contexto lo permitía, es una pena que actualmente copiando siluetas geométricas y aplicando tipografías de moda y dejando el b&w se produzcan ejemplos de logos modernos y frescos que tienden a caer en lo repetitivo, monótono y que solo son dignos de instagramear mas que vender una imagen o un producto. Que gusto leerte, lo leí con acento yucateco.

    • Hola Criss, gracias por tu comentario, me parece interesante cómo convergen la arquitectura y el diseño en algún punto; como expongo en el post, no me parece algo negativo hacer uso de las tendencias, simplemente evitaría su abuso, que no se traduce en resultados estratégicos. Un abrazo enorme, con acento chilango 🙂

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