Cada día, estamos en contacto con muchísimas marcas patronímicas, es decir, marcas cuyos nombres se originaron a partir de los nombres mismos de sus propietarios.

Muchas de ellas, actualmente, tienen un alcance nacional o internacional, han trascendido y se han convertido en empresas exitosas.

Marcas mexicanas que llevan el nombre de sus dueños

Suelen tener historias similares: comenzaron siendo empresas familiares, iniciadas 2 ó 3 generaciones atrás, que crecieron y se expandieron. Muchas de ellas, incluso, convirtiéndose en marcas referentes en nuestra cultura y con nombres tan posicionados, que olvidamos que son patronímicos.

Algunas empresas, llevan el apellido de sus dueños, sin ninguna modificación:

  • Chedraui, 1927 – Lázaro Chedraui (Veracruz)
  • Coppel, 1941 – Enrique Coppel (Sinaloa)
  • Deportes Martí, 1936 – Domingo Martí Riera (Ciudad de México)
  • Farmacias Yza, 1961 – José Emir Yza Villanueva (Yucatán)

Otras, derivan del nombre de sus dueños, pero tuvieron modificaciones para hacerlas más breves y atractivas:

  • Herdez, 1904 – Ignacio Hernández del Castillo (Nuevo León)
  • Té Reca, 1940 – Recaredo Risueño (Campeche)
  • Tequila José Cuervo, 1795 – José de Cuervo (Jalisco)

En algunas marcas, agregaron palabras complementarias para darle carácter:

  • Gran Chapur, 1952 – Jorge Chapur Bardauil (Yucatán)
  • Mole Doña María, 1950 – María Pons Nicoux (San Luis Potosí)

Estos son solo algunos de los ejemplos en nuestro país. Sin embargo, no todas las marcas patronímicas son tan recordadas como a sus propietarios les gustaría.

¿Cuándo sí y cuándo no utilizar un nombre patronímico?

La pregunta que, como agencia, hemos recibido una y otra vez, es si deberían o no ponerle a su empresa su nombre, o su apellido, o el nombre de sus hijos. La respuesta, siempre ha sido: depende.

A pesar de que la idea de nuestra empresa portando con orgullo nuestro nombre o apellido es tentadora, hay que valorar si es lo que, estratégicamente, sería lo más conveniente. A continuación, compartimos algunos aspectos a tomar en cuenta:

¿Cuántas marcas utilizan el mismo nombre que la mía?

Si revisamos la lista de marcas patronímicas una vez más, podemos notar que la mayoría de ellas fue fundada, al menos, hace 50 años. Sus inicios se ubican en un panorama muy diferente al actual, en donde cada año, son registradas más de 130 mil marcas ante el IMPI (Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial).

Las posibilidades de que un apellido, por sí solo, no haya sido utilizado por otra empresa son muy pocas, incluso si tienes un apellido poco común. Compartir nombre con una marca mucho mejor posicionada o de un giro similar, no es algo que sea recomendable.

La mejor alternativa, en caso de querer conservar el “sello personal” en el negocio, es crear una variante del nombre o apellido, que le aporte un carácter original y le permita diferenciarse.

¿El giro de mi negocio suele utilizar patronímicos?

El uso de patronímicos, actualmente, suele estar relacionado con marcas que aumentan su valor al estar vinculadas con las características de una persona, como su gusto o habilidades. Si pensamos en Mole Doña María, por ejemplo, asumimos que la señora llamada María tiene algo que ver con la creación del mole y, por ende, lo vinculamos con algo hecho a mano, en casa.

Vale la pena analizar si el uso de un patronímico, para nuestro negocio, es algo positivo o coherente. Debemos preguntarnos si nuestras características personales o profesionales le aportan un valor agregado o si, en cambio, lo hacen sentir como una empresa pequeña o informal.

¿Qué comunica mi nombre?

Tanto si es el nombre o apellido de forma literal o si es una variante de él, lo más recomendable es leerlo un par de veces en voz alta y analizarlo. ¿Asocia a mi marca con algo positivo? ¿Su sonido es coherente con el carácter de mi marca? ¿Transmite valores que deseo proyectar? ¿Podría tener alguna connotación o significado que no quiero transmitir? ¿Me recuerda a otro nombre, a pesar de que no se escribe o escucha igual?

¿Estoy dispuesto a ser la imagen de mi marca?

El uso de tu nombre o apellido para nombrar a nuestra marca, genera un vínculo que siempre va a estar presente, para bien o para mal. Un punto muy importante a considerar, es que la percepción que el mercado tenga de nuestra empresa, nos afectará directamente. De igual manera, nuestra imagen pública será frecuentemente relacionada con nuestro negocio.

Quizá, lo más importante de todo, es entender que no hay una fórmula para saber si un patronímico es la mejor alternativa para nuestro negocio o no. La elección del nombre de una marca, debería ser una decisión analizada con detenimiento antes de tomarse, procurando ver el panorama completo y no sólo dejarse llevar por corazonadas.

Si te está siendo complicada la elección del nombre para tu marca o crees que el nombre que tiene, está impidiendo que alcance su potencial, nosotros podemos ayudarte. ¡Contáctanos!

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