Hace mucho que no me encontraba con un escándalo tan monumental como el de este fin de semana. La información era imprecisa, las especulaciones abundaban y el sentimiento era de dolor profundo ante la peor noticia: el mundo con Totis, tal y como lo conocíamos, había acabado.

Para quien (viene de otro planeta) no conoce la marca Totis, sólo podría describirla como las botanitas por excelencia de todas las fiestas infantiles mexicanas. Vienen en bolsitas acompañadas de una salsa botanera y solemos utilizarlas para rellenar las piñatas y bolsitas de dulces.

Crisis y nostalgia

En mis redes sociales, llovían comentarios de todo el mundo despidiéndose de Totis. Primero, con la noticia/rumor de que se había declarado en bancarrota. Después, que sólo había quebrado la planta de producción ubicada en Chiapas y todos respiraron, aliviados… ¿Chiapas, qué? Pero como Chiapas surtía a todo el sureste, de este lado del país seguíamos en crisis.

Durante todo el caos, Totis tuvo, literalmente, miles de menciones en Facebook y Twitter. Miles, les digo. Hubieron toneladas de memes, homenajes por ilustradores, despedidas nostálgicas y los hashtags #TotisPorSiempre y #FuerzaTotis se hicieron tendencia. De ser una marca que pasaba desapercibida, de repente se encontró en boca de todos. 

El silencio

La marca, sin embargo, se mantuvo en silencio hasta el día lunes. Siguen sin ofrecer una declaración formal y  tampoco han aclarado el status de la empresa o el origen del rumor. Sólo hicieron una publicación en Facebook que, indirectamente, afirmaba que había Totis para rato. Después, en respuesta a los usuarios que preguntaron esa publicación, hicieron comentarios confirmando que no se iba a ningún lado, pues “esas piñatas no se llenan solas”.

México pudo descansar, Totis estaba a salvo, sin embargo… ¿en algún momento estuvo realmente en peligro?

Teoría Conspirativa

¿Han escuchado hablar de la estrategia de la “falsa retirada”? Básicamente, en enfrentamientos bélicos, uno de los bandos hacía como que ya se iba para tantear el terreno, desconcertar al contrario y sacar provecho.

Esta misma estrategia, la hemos visto hasta el cansancio en un montón de “giras del adiós”, por ejemplo. Si no, piensen en las 17 veces que se han despedido y reencontrado Timbiriche y en lo mucho que lo han monetizado.

No estoy afirmando que Totis haya utilizado esta estrategia, porque al final, ni siquiera tenemos una aclaración explícita de la marca de si la planta en Chiapas quebró o no.

Existe la posibilidad de que, como parte de una campaña para posicionar a la marca, Totis haya aplicado una “falsa retirada” para llamar la atención de sus consumidores. ¿Qué mejor excusa para extrañar y desear algo, que verlo perdido? De haber sido algo planeado, llegarle a sus consumidores por el corazón fue una gran idea.

Sin embargo, si esta “falsa despedida” no fue intencional, si en verdad fue un rumor inventado, no les pudo haber caído mejor. La relevancia que ganaron en cuestión de horas fue muy bien aprovechada por el equipo de comunicación de la marca:

Primero, con un silencio estratégico que permitió que la noticia se regara como pólvora y que los “toti-fans” aparecieran nostálgicos y con el corazón roto, en defensa de la botanita de sus infancias.

Después, con respuestas a (casi) cada uno de los usuarios que comentaron, calmando el alebreste y devolviendo la esperanza perdida durante el fin de semana.

¡Bien jugado, Totis!

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