En estos días, todo el mundo está hablando del famoso error en la entrega del Oscar. Mucho se ha cuestionado de quién fue la culpa y cómo se pudo haber evitado. Ha habido memes a diestra y siniestra. Y claro, los blogs del diseño del mundo hablan de la tragedia que pudo ser evitada, si tan solo la tarjeta que leyeron los infortunados Warren Beatty y Faye Dunaway hubiera estado mejor diseñada.

Debo decir que difiero un poco con esto último. No creo que el diseño de la tarjeta hubiera sido el salvador de la situación, a menos que pensáramos en ese elemento extra que nadie está tomando en consideración: el sobre.

Lo entiendo, es bastante claro, es innecesario poner el logo de los Oscar en un papel tan protagónico, porque estamos en los Oscar, ¡duh! La categoría debía ser más visible, a prueba de miopía y astigmatismo, estoy de acuerdo con eso.

Recapitulemos cómo funciona este asunto de la entrega y lectura de ganadores:

1. Hay una pareja de personas que trabajan para PWC, la empresa que se encarga de gestionar todo este asunto. Cada uno de ellos con un maletín negro que incluye dos juegos de sobres idénticos. Ellos son los únicos que tienen conocimiento de quienes son los ganadores antes de la ceremonia.

2. Le entregan el sobre a la celebridad que presenta el premio, ya sea el individuo 1 o el 2, como se haya acordado previamente. Se destapa el sobre y listo: todos sabemos quien es el ganador.

3. La celebridad ganadora se queda con su sobrecito y su premio (todos aplauden, todos son felices, ¡un trabajo bien hecho!) La función del sobre es muy breve y, más que nada, queda como un objeto decorativo y un recuerdo valioso.

Aquí hago una nota especial: No debemos olvidar que hay una empresa contratada para esta tarea, por la simple razón de que las celebridades ¡son celebridades! No les interesa ni el frente, ni el reverso, ni el interior del sobre. Ellos están ahí para lucir maravillosos, decir chistes de guión y leer sus tarjetas.

Ahora bien, veamos de cerca está foto:

Aquí, claramente podemos ver qué dice, con un bonito acabado de hot stamping dorado, «Actress in a leading role”. El tamaño de la tipografía es decente, incluso debe tener una textura, pero el color del papel dificulta un poco la lectura. Digamos que tienes que observarlo a conciencia porque el contraste no es evidente, y si estás en un escenario con tanta gente a la expectativa de lo que vas a hacer y luces tremendas encima, es muy probable que no te pongas a revisar detalladamente el bonito acabado de las letras.

Estos sobres de 2013, quizás tampoco son los más bonitos del mundo, pero sí hacen más legible la categoría al frente. Desde 2011 y hasta 2016 todos los sobres de la Academia habían sido dorados.

Ahora, el reverso del sobre:

Tenía un lacre dorado que permitía ver una parte de la tarjeta; con esta fotografía podemos intuir que se sacrificaron valores tipográficos para que lo único visible fuera la categoría (de nuevo) y ninguna otra información relevante que pudiera arruinar la sorpresa o que permitiera que el nombre del ganador se escapara al campo de visibilidad que permite el sobre.

No había manera de que el segundo encargado de PWC pudiera notar que el sobre que entregó su compañero no era el indicado, porque se veía exactamente igual al resto. Esto únicamente podría haber ocurrido si hubiera un código de color estrictamente estipulado con anterioridad, que permitiera que la otra persona de PWC pudiera identificar que el sobre entregado no era el correcto y pudiera detener la lectura del mismo.

Quizás así, incluso el sujeto que le dio el sobre a Beatty, habría notado la diferencia entre uno y otro antes de extendérselo. Ya en las manos de Faye Dunaway y Warren Beatty, poco se podía hacer. Ambos notaron que la tarjeta no estaba bien pero decidieron seguir adelante, digo, había millones de personas con los ojos puestos en ellos.

Puntualizando:

1. La tarjeta tiene un papel secundario en esta confusión. ¿Pudo haber estado mejor diseñada? Sí, con los valores tipográficos adecuados; totalmente de acuerdo. Pero no fue definitiva para provocar la confusión, ni la hubiera salvado. Lo único que pudo haberlo hecho es que tuviera la información correcta.

2. El sobre es realmente el que tiene el peso visual y el que podría, en algún momento, ser un indicador del error para las únicas dos personas que están familiarizadas con ellos (esto es muy importante). En este caso, el diseño pudo haber facilitado la identificación entre un sobre y otro mediante el color del papel y habría permitido que uno de dos encargados de la PWC se arrojara al escenario, cual Kevin Costner en el Guardaespaldas, y hubiera impedido su lectura.

3. Mala idea usar un hot stamping dorado para poner información importante sobre un fondo rojo que entorpece la legibilidad. Incluso un zoom de la cámara al momento de la lectura habría revelado el error, si tan solo hubiera sido más visible.

4. El diseño editorial de esta dualidad sobre/tarjeta debe transmitir la elegancia y la importancia del evento, definitivamente, pero igual debería considerar este tipo de detalles de identificación y legibilidad que se sacrificaron en aras de hacer que algo se viera solemne, moderno y “diferente”. Puedo imaginar perfecto al director de arte, tipo, “hay que darle la vueltecita a esto, meterle más punch”.

5. Al final, aunque juega un papel importante, el diseño no nos exenta de cometer este tipo de errores que son claramente humanos y que no recaen totalmente en la legibilidad de esta tarjeta en particular, ni en las incautas celebridades —que están pensando en descorchar su segunda botella de Möet—, sino en el sujeto que estaba feliz de la vida en su cuenta de twitter. A fin de cuentas, lo ÚNICO que tenían que hacer era entregar los sobres correctamente… ¿Cierto?

Por otra parte, podemos diseñar unos bonitos sobres y tarjetas mucho más funcionales que esos —y definitivamente, con mayor atención a los detalles—.

Academy Awards, aquí estamos 😉

Colaboración de Carmen Ordoñez, jefe de diseño en Hache.

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