Dicen que todos los cambios son buenos, sin embargo, el último cambio en la Norma Oficial Mexicana NOM-051 ha hecho que la opinión popular se divida.

Si no estás enterado, a partir del 1 de octubre, entrará en vigor esta nueva norma, afectando el etiquetado de los alimentos procesados y bebidas no alcohólicas. Si bien han habido leves modificaciones en cuanto a los lineamientos, probablemente, este será uno de los más evidentes, pues cambiará de forma radical la imagen de muchísimos productos, tal y como los conocemos hasta ahora.

En un artículo anterior, hablamos de la eliminación de personajes infantiles, dibujos animados, celebridades, deportistas y mascotas, que de alguna forma sirvan para promover el consumo de estos productos en el mercado infantil.

Sin embargo, una de las modificaciones más significativas, es el uso obligatorio de sellos de advertencia en las etiquetas. Para este momento, probablemente ya te encontraste con alguna fotografía en donde aparecen octágonos negros en las etiquetas, con leyendas como “exceso de sodio” o “exceso de calorías”.

La finalidad de estos cambios en el etiquetado, es compartir con el consumidor final, información nutrimental, comercial y sanitaria. Con esto, se busca que las decisiones de compra y hábitos de consumo de los consumidores, tengan un sustento en el conocimiento y la consciencia de las características de los productos que eligen llevar a casa.

Los aspectos a mostrar en este etiquetado son: exceso de calorías, sodio, azúcares, grasas trans y grasas saturadas. Además de advertencias cuando un producto contenga cafeína y edulcorantes. También se modificará la forma en la que se muestra el contenido nutrimental, buscando que haya claridad en la información compartida.

Siendo México el primer lugar en obesidad infantil y el segundo lugar en obesidad entre adultos, estas modificaciones en el etiquetado parecerían ser un cambio para bien, sin embargo, tal vez hay algunos aspectos que no estamos tomando en cuenta, antes de aplaudirlas.

Primero que nada, es evidente que el diseño de estos sellos es el resultado de decisiones prácticas, no estéticas o funcionales. Según la norma, la ubicación de estos sellos deberá ser en el área superior derecha de la etiqueta frontal del producto, sin excepción. A pesar de que la ubicación, definitivamente, es la mejor para colocar un mensaje importante, la poca flexibilidad en cuanto a la distribución de los sellos, ha hecho que las modificaciones en las etiquetas se vean poco armónicas y desordenadas.

¿Lo importante es que la población reciba el mensaje? Por supuesto. ¿Podrían haberse desarrollado mucho mejor? También, sin duda.

Además, hasta ahora, los cambios en el etiquetado no han sido acompañados de contenido que permita al consumidor entender y educarse sobre el significado de los mismos. El hecho de que tengamos la posibilidad de saber que un producto tiene “exceso de grasas trans”, no quiere decir que entendamos qué son esas grasas o por qué no deberíamos estarlas consumiendo.

Sobre todo, si pensamos que gran parte de estos productos, son comprados y consumidos por menores de edad.

La importancia de una campaña de comunicación en la que se proporcione información al consumidor, sería potencializar el impacto de estas modificaciones. Lograría que, en lugar de quedarse en un par de sellos incómodos en las etiquetas, se convirtiera en una herramienta útil para el consumidor.

¿Consideras que el cambio en el etiquetado vale la pena? ¡Compártenos tu opinión!

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