Ya pasamos por los logos hipsters, las “tienderías”, los logos en degradado y, ahora, nos llega la última tendencia del branding: el unbranding.

Pero, ¿qué es el unbranding?

La traducción literal sería “sin marca”. Seguro que lo primero que se nos viene a la cabeza son pasillos y pasillos y pasillos del supermercado, llenos de productos con una etiqueta blanca y nada más.

Eso existe. Se llama “Brandless” y es una tienda en línea. Básicamente, su modelo de negocio es el siguiente: cuentan con un inventario compuesto por el producto que se te ocurra, pero sin una marca… o más bien, con una sola marca, la suya. Cada producto está etiquetado con colores lisos y una breve descripción de su función: papel de baño, miel, jabón para platos, gomitas, etc.

Detrás de “Brandless”, está la filosofía de “más por menos”. La supuesta ausencia de una marca, hace que puedan reducir sus costos y tener precios más bajos que las marcas regulares.

Y digo “la supuesta ausencia de una marca”, porque a “Brandless” puede faltarle todo, menos una marca. De hecho, en todo caso, es una marca bastante bien hecha, con un logotipo reconocible, una paleta de colores atractiva, un estilo moderno y, más allá de lo gráfico, un trasfondo emocional que crea un concepto súper fuerte y convincente.

Sin embargo, “Brandless” no es la única marca que ha “renunciado” a una marca. El deseo de aparentar no tener una marca, está siendo cada vez más popular. Y no sólo en marcas nuevas, sino en grandes corporaciones.

Esto puede estar relacionado con el cambio de hábitos de consumo del mercado. Las marcas líderes “de confianza”, ya no son tan de confianza y el mercado se está inclinando cada vez más hacia marcas más pequeñas, más cercanas, más humanas, con quienes puedan establecer una conexión más profunda. La percepción de una marca líder, muchas veces se encuentra alejada de la percepción de una marca confiable.

¿La propuesta del unbranding?

Despojarse de todo “lo que sobra” para quedarse exclusivamente con los atributos que, en un inicio, atrajeron a sus consumidores. Que la marca proyecte una personalidad más genuina, cercana y humana, es mucho más atractivo que el carácter frío y enorme de una corporación.

No sólo se reduce a la “ausencia” de una marca, sino a la flexibilidad infinita de la misma: ausencia de un logotipo, creación de marcas “independientes” a las marcas madres o estilos y colores cambiantes, que se adaptan al consumidor y al entorno.

No puedo decir que estoy del todo en desacuerdo con el concepto utópico del unbranding. Suena súper bonita la idea de tener marcas honestas y transparentes, sin estrategias que te persuadan a comprarlas, ¿no?

La realidad es que, incluso en ese unbranding utópico, las marcas están comunicando un mensaje. Ese mensaje, está destinado a proyectar los valores, tanto interna, como externamente, que la harán cercana, honesta y transparente. Y ese mensaje, por supuesto, está creado estratégicamente para atraer a un consumidor específico. Con suerte, ese consumidor se convencerá y establecerá un vínculo de lealtad con la marca.

A ese proceso, por cierto, se le llama “branding”.

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